ENTRADA; MONACO-R.MADRID CHAMPIONS 2004. 50 PARTIDOS DE CHAMPIONS DE LUIS FIGO CON EL MADRID

    MONACO 3 REAL MADRID 1

Mónaco: Roma; Ibarra, Rodríguez, Givet, Evra; Giuly (El Fakiri, m. 82), Cissé, Plasil, Rothen; Morientes (Adebayor, m. 85) y Prso (Nonda, m. 61).
Real Madrid: Casillas, Salgado (Raúl Bravo, m. 84), Helguera, Mejía, Roberto Carlos; Borja (Solari, m. 71), Guti (Portillo, m. 87); Figo, Raúl, Zidane; y Ronaldo.
Goles:
0-1. min. 36. Ronaldo avanza, cede a su izquierda, Guti deja pasar la pelota y Raúl, sin pararla, marca por alto.
1-1. min. 45. Envío de Evra desde la izquierda, Morientes la baja de cabeza hacia atrás y Giuly marca raso de volea desde fuera del área.
2-1. min. 48. Centro de Evra y Morientes se adelanta a Mejía en el salto y cabecea a la escuadra izquierda.
3-1. min. 66. Ibarra caracolea al borde del área, chuta raso y Giuly marca de tacón.
Árbitro: Pierluigi Collina (Italia). Amonestó a Helguera, Borja y Roma.
Incidencias: Partido de vuelta de los cuartos de final de la Champions disputado en el Stade Louis II, ante unos 18.000 espectadores. El resultado global fue de 5-5 tras el 4-2 de la ida, pero el Mónaco se clasificó por el valor doble de sus dos goles en el Bernabéu.

La mística del Madrid se fue al garete en un escenario imprevisto, en el pequeño estadio de Mónaco, que parece de cartón piedra, como tantas otras cosas de un lugar que, desde luego, no se asocia a las epopeyas del fútbol. Y, sin embargo, el Mónaco ganó el partido de su vida. Lo hizo por pura convicción frente al más decepcionante Madrid que se habia visto en años. No logró administrar la ventaja que consiguió en el Bernabéu, no sacó rédito al gol de Raúl en la primera parte y se disolvió en la nada ante el torrente de complicaciones que le sucedieron. Al fondo hubo algo de teatral, de esa parte que se reserva el fútbol para darse color y dramatismo. Morientes fue pieza decisiva en la derrota del Madrid, a su manera, con dos cabezazos, nuevamente sin encontrar oposición en la defensa de su antiguo equipo.

Dos remates al palo del equipo francés impidieron una victoria más categórica y no sirvieron para sacar al Madrid de su estupor. Todo su voluntarista ejercicio final tuvo el aire de los equipos sonados, de los que flotan por el campo sin reconocerse en nada de lo que les hace grandes. Pocas veces se ha visto tanta distancia entre el Madrid de las estrellas planetarias y el torpe equipo que se hundió sin reflejos, recursos ni grandeza en Mónaco.

 

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